23 noviembre 2006

Ángulos Extraños

6 puesahoraquelodices
Si, fuera de contexto le dijese a alguien que me paso las tardes delante del pc mirando fotos de cadáveres y la mitad de los días de clase me los paso en ropa interior, no creo que tardase mucho en considerarme una degenerada. Sin embargo, como forma parte de mi formación académica, es aceptable, incluso loable que haga semejantes sacrificios.

Ninguna de las dos cosas iba en broma.
A mi, niña de letras, me tiene que entrar la vocación tardía por el curanderismo de élite y dedicarme a ver en fotos lo que ni por asomo sería capaz de diseccionar de verdad. Con todo, hay días que uno tiene estómago y otros que no, esos días (los que no hay estómago) me conformo con distinguir un hueso de una calabaza en las radiografías.

Sobre lo segundo... puedo garantizar que nunca había estado mas pendiente de mi ropa interior como lo estoy para ir a clase. El día que menos te lo esperas (que resulta ser tres de cada cuatro) toca practicar con los compañeros. Movilizarlos, masagearlos, buscarles huesos en zonas "curiosas" y pellizcarles músculos escondidos. Luego, evidentemente, ellos te lo hacen a ti.

Es curioso lo importante y magnético que puede llegar a ser el contacto físico. La primera semana de clase se basó en presentaciones de los profesores, presentaciones nuestras, clase por clase con la misma cantinela. Los descansos, en una especie de patio carcelario en la que se convierten los patios internos de los edificios del ensanche, cada uno los pasaba con su bocadillo-fruta-"café culero de la máquina de la entrada" y sin decir ni pío al resto de asistentes.

La segunda semana empezó con práctica. A golpe de "fuera la ropa" y con demasiado apuro, nos quedamos todos en ropa interior. A pesar de las inevitables miraditas, lo llevamos con toda la dignidad que pudimos. Incluso en el momento en que la profesora de prácticas nos hizo buscar en todos nuestros compañeros la sínfisis púbica. (¿queréis que os diga donde está?).

Misteriosamente, a partir de ese día, los descansos son de lo más ameno. Todos hablan con todos y nos hemos convertido en un grupo bastante homogéneo teniendo en cuenta que la diferencia de edades va desde los 17 a los 60.

El cuerpo ha perdido un encanto pero ha encontrado otros. Ha encontrado el encanto de descubrir que somos una máquina complejísima, que debemos cuidar mucho más de lo que la cuidamos. Es interesante saber que las enfermedades no aparecen porque si, mas allá de que seamos o no conscientes de ello. Es increíble el poder de auto curación que tiene el organismo y lo agradecido que puede llegar a ser.
Claro que, cuando te cruzas con un bombón (hombre o mujer) por la calle, no se te ocurre otra cosa que fijarte en la desviación de su columna. Lo dicho, todo es cuestión de perspectiva.

16 noviembre 2006

Crisoles

10 puesahoraquelodices

Mientras viajaba en metro, leyendo unas fotocopias acerca de la fisiología adaptativa del ser humano, (qué apropiado) entraron en el vagón como una manada de abejorros sobrealimentados un grupo de niños cuya media de edad rondaría los 9 años.

Tras darme cabezazos contra la carpeta lamentándome de mi mala suerte a la hora de compartir espacio vital en el transporte público, me dediqué a observarlos. Debían ser unos dieciocho niños, acompañados de un adulto (o eso dice) que llevaban en la mano un pequeño dossier informativo. Ese dossier me decía que probablemente viniesen de hacer una visita cultural por la ciudad (véase visitar un museo). Eso y que todos iban vestidos con la misma ropa deportiva, emblemática de todo centro educativo concertado que se precie.

A mi espalda y junto a una profesora poco entusiasta de las buenas maneras (si lo fuese les hubiese dicho que no gritasen y que dejasen los asientos para las personas mayores) un grupito de unos seis o siete niños y niñas estaban terriblemente interesados en atribuirse novios y novias o, en su defecto, atribuirse los al resto del grupo para escarnio del compañero. Juego cruel.

A mi lado cinco niños, varones, tras apoderarse de los cuatro asientos dispuestos en cuadro y sin importarle un pimiento que entrasen ancianos en el vagón, se pusieron a discutir de política. Seguramente, repitiendo como papagayos aquello que oyen de sus progenitores y sin tener ni la más remota idea de lo que dicen. Fascinante. Lo mas seguro es que se conviertan en lo mismo que su padres por imperativo económico.

Levantando la vista al frente, encuentro a pocos metros, en el centro del vagón, cuatro niñas, monisimas, peinadísimas, preciosas; dando rienda suelta a su encanto físico y sin apenas hablar. ¿Para qué? Si perfeccionan esa técnica, que seguramente les estará enseñando mamá, no van a necesitar abrir la boca si no es para pedir. (se me ocurren otras funciones pero esto es un blog para todos los públicos)

Tardé en darme cuenta de que había un cuarto grupo. Frente a mí. Eran cinco entre niños y niñas. Hablaban entre ellos sin dar voces y una de ellas apuntaba cosas en una libreta de hojas de colores. Eran los únicos que se habían quedado de pie en el vagón. La niña que tomaba notas giró la libreta para que todos en el grupo pudiesen verla. ¡Estaban jugando al ahorcado! No pude hacer otra cosa que sonreír.

Que cada uno extraiga su moraleja.

04 noviembre 2006

La página en blanco

3 puesahoraquelodices


Nada que decir. Absolutamente. Nada.

El otoño nos repliega sobre nosotros mismos. Nos invita a quedarnos bajo las mantas y disfrutar del calorcito. Todos los proyectos que esperan estoicos su turno se quedan durante largo tiempo acumulando polvo entre las grietas de su orgullo. Mientras el mundo gira, uno solo ve una página en blanco en la que no sabe qué escribir.

Podría escribir acerca del ultimo viaje que tanto me impresionó. Podría contar las batallitas del abuelo cebolleta y hablar de la que fue mi profesión hasta hace poco, como los machos ibéricos de este país hablaban de sus tiempos castrenses, en los que muchos de ellos pasaron mas miedo que vergüenza pero ya no se acuerdan.

Incluso podría contar algo sobre lo que estoy haciendo ahora, sobre mis proyectos y batallitas varias. Es más, podría modificar la plantilla y añadir unos links nuevos, pero es que sencillamente, no me apetece. Lo mas seguro es que tras la época de hastío me arranque por soleares y cuelgue un post diario. Pero es que en este momento mi alma de exhibicionista tiene demasiado frío para despelotarse.

De momento dejaré por aquí una réplica de el beso de Klimt. Es de una chiquilla que está empezando, pero yo creo que no lo hace nada mal.