29 marzo 2007

The wild

8 puesahoraquelodices

No se a qué puede deberse...
A su alrededor hay un Instituto de medicinas tradicionales, dos o tres tiendas de productos naturistas, una tetería, dos panaderías que usan harina de espelta y una tropa de hippyes comeflores entre los que me incluyo.

¿Creeis que la naturaleza se ha vuelto salvaje por el buen rollito de la zona o simplemente atestigua que la humedad en esta ciudad no conoce límites?

Sed buenos.

22 marzo 2007

Ideas propias

1 puesahoraquelodices

Cuando alguien se convierte en padre, ya que no se entregan certificados de aptitud para ello, suele ser frecuente que convierta la educación de su pequeño vástago- y con ello su vida entera- en la proyección de lo que uno mismo nunca fue. Inevitablemente, cada desengaño producido por unos esfuerzos a veces exagerados por hacer de un hijo un ser superior, se convierten en la constatación de que éste es un ente autónomo y distinto de sus progenitores. Esto es algo por todos sabido.

¿Pero qué ocurre cuando aquello que toma vida propia nació para ser sometido a nuestra voluntad?

¿Qué ocurre cuando nuestros personajes se amotinan?

Una idea te ronda por la cabeza, consigues plasmar brevemente, y antes de que se esfume de tu mente un boceto de una historia. Incluso de un modo vertiginoso tu mente va desarrollando página tras página, mucho antes de que tus dedos hayan empezado a pulsar una sola tecla, el desarrollo de la historia. Corres a desarrollar todo lo que puedas antes de que tus neuronas empiecen a olvidar ese relato sorprendentemente bien hilvanado... pero ocurre algo que nadie se espera.
De repente, algunos personajes toman conciencia de si mismos, se llevan a los demás a rincones oscuros, donde el autor no pueda verlos, y planean un golpe de estado. Cuando uno menos se lo espera se encuentra con un motín a bordo. Te han amarrado a la silla, han tirado la lámpara al suelo, lanzaron tu portátil por la ventana y campan a sus anchas por tu casa. Te dicen que no piensan volver al relato a menos que sean oídas sus condiciones.

Al final, y una vez recompuesta tu dignidad, resulta que el que iba a morir se acaba casando con la guapa, que el personaje más plano de la historia resulta ser un devorador de libros de filosofía y el de la silla de ruedas no perdió la movilidad en un tiroteo, sino haciendo escalada.

Conclusión. La próxima vez que quiera escribir un relato dejaré escrita una sola palabra. Es posible que con la humedad del ambiente sea capaz de germinar y convertirse en un relato por si solo.

21 marzo 2007

Eso que nos gusta tanto

1 puesahoraquelodices

"¿El sexo? Puede matarte. ¿Sabes cuanto sufre el cuerpo mientras copula? Las pupilas se dilatan, las arterias se estenosan, la temperatura sube, el corazón y la tensión se disparan, la respiración es rápida y superficial, el cerebro dispara impulsos eléctricos a lo loco, las glándulas segregan fluidos a go go... y tus músculos trabajan como si levantasen el triple de tu peso. Es violento, es horrible y repulsivo. Si dios no lo hubiese hecho tan divertido la humanidad se hubiese extinguido hace mucho."

Dra. Cameron

19 marzo 2007

Cojo un libro de la estantería.

3 puesahoraquelodices

Ya que veo que no podeis vivir sin mi más de una semana... ¿Cómo era la cosa esta? Ah, si, la página 123, la quinta oración y las tres siguientes:

"Y vi que cogía de una mesa un resto del pollo de la noche pasada, y lo entregaba a escondidas a los cabreros, quienes con un guiño de satisfacción lo metieron en sus chaquetas. Pero el cocinero jefe se dió cuenta y regañó a Salvatore: -¡Cillerero, cillerero -dijo- , debes administrar los bienes de la abadía, no despilfarrarlos! -¡Filii Dei son! -dijo Salvatore- ¡Jesús dijo que facite por el lo que facite a uno de estos pueri!"

Creo que voy a pasar de deciros la novela que és y la tendreis que adivinar. (es el puto caballo blanco de Santiago) Ah! Tampoco nomino, quien quiera que lo haga y quien no, menos trabajo.

Ala, sed buenos.

10 marzo 2007

Uno de hadas (y II)

7 puesahoraquelodices
...
-¡Pero que cosa tan bonita!
No fui capaz de controlar mi entusiasmo al ver aquel diminuto ser sobre mi zapatilla y la pequeña hada, asustada, levantó el vuelo rápidamente hasta subir por encima de mis ojos.
-No te asustes pequeña. No te voy a hacer daño. Solo quiero verte. Eres... eres una cosita preciosa.
Tras revolotear alrededor de mi cabeza, se posó sobre una estantería y me miró detenidamente, no sin cierto aire de desprecio.
- ¿Te gustan mis plumas negras?-Preguntó altiva.
-¿Plumas negras? Yo solo veo-toqué levemente con la yema de los dedos sus delicadas alas para que se desplegasen-unas alitas de colores casi transparentes y preciosas. Pero no veo esas plumas negras de las que hablas.
-¿Colores? Oh, vamos, los cuervos no tenemos alas de colores.
Intenté sofocar mi risa dándole forma de carraspera y volví a mirarla, creyendo estar en un sueño.
-Pero tu no eres un cuervo. Los cuervos son muy serios, y traen malas noticias, tu eres un hada, y las hadas sois buenas. ¿Verdad?
-¡¡Yo no soy un hada!! ¡¡Cómo tengo que decírtelo!!
-De acuerdo, un cuervo.
No quería que se enfadase innecesariamente. Sólo que se quedase allí conmigo para contemplarla y poder dar fe de su existencia. Aunque jamás pudiera hablar de esto a nadie sin que me tachase de loco. Revoloteó hasta aposentarse sobre la mesa de la biblioteca y echó un vistazo a los papeles que se amontonaban sobre ella. Levantó el vuelo sujetando una de las hojas hasta levantarla y comenzó a leerla detenidamente.
-¿Esto lo has escrito tu?- Me preguntó.
-Así es.-Le respondí aliviado creyendo que el extraño malentendido había terminado.- Quiero escribir un libro de cuentos infantiles para mis nietos. Y ahora que estoy jubilado tendré más tiempo para hacerlo...
La pequeña hada soltó el papel dejándolo caer de nuevo sobre la mesa y me miró con cierto brillo en sus ojos.
-Escribes cuentos...-Afirmó con una voz femenina y sugerente como no se la había oído antes. Ese cambio de tono no podía ser fruto de mi imaginación. De repente dejaba de comportarse como un animalito perdido para mostrarse extrañamente seductora.- ¿Escribirías para mi?
-Ppues... bueno- Vi cómo alzaba de nuevo el vuelo y se dirigía lentamente hacia mi.- ¿Y sobre qué te gustaría que escribiese?
-Sobre lo que tu quieras.-Dijo con la voz más sugerente que nunca. Rozó mi mejilla con sus alas al pasar hacia mi espalda- Me gusta mucho que me cuenten cuentos. ¿Me contarás cuentos?- Susurró.
-Claro, si tu quieres...
Me giré para volver a tenerla cara a cara. Pero en lugar de un hada pizpireta me encontré una muchacha, de mi estatura, que me miraba entre seductora y desafiante. Sus alas habían desaparecido y sus ropajes negros caían lánguidos resaltando su incomparable belleza. Hizo una leve mueca de sonrisa y se acercó lentamente a mi.
-Te has comprometido. Ahora no te puedes echar atrás. -Tragué saliva mientras se acercaba más y más. Caminó alrededor de mi como antes lo había hecho mediante sus alas y me miró de reojo al hacerlo. -Ya puedes empezar.

Poco tiempo después de aquella visita, de la que jamás pude hablar con nadie, mi mujer y mis hijos decidieron que lo mejor para mi era ingresarme en este psiquiatrico. Mi vida se había reducido a escribir y escribir. Cuanto más escribía, más creativa estaba mi mente y más se apoderaba de mi aquella maldita criatura.
He procurado no pensar en nada, pero las ideas vienen a mi aunque no las busque. Creo que es ella, que me da el alimento necesario para volver a por mi y absorber de nuevo lo que me queda de vida. No soy mas que otro cerdo al que alimenta de fantasias novelescas para devorarlo después, pues de ello vive.
Me alegro cuando el enfermero me inyecta los sedantes y mi mente se vacía. En esos momentos creo que he ganado la batalla, pero la guerra sigue en pie.

Ahora, con la poca lucidez que me queda y antes de que esa zorra de las tinieblas vuelva a por mi, quiero avisaros de que existe. Quiero avisaros de que os encadilará, como lo hizo conmigo. Acabad con ella antes de que sea demasiado tarde.>>

-Maldito loco, cada día estoy mas harto de estos chiflados. Menos mal que este ya la ha palmado. ¿Con qué demonios crees que ha escrito todo eso?
Dos enfermeros miraban con desidia la carta póstuma que el anciano había dejado escrita en la pared. Uno de ellos se acercó para ver el relieve de las letras. En la habitación no había pintura, ni lápices, ni nada con lo que pudiera escribir. El viejo renunció a tenerlos "para no caer en tentaciones" había dicho. Tras mirar detenidamente la pared, olisqueó para intentar reconocer el origen de la tinta y encogió rápidamente el gesto. Miró a su alrededor y encontró tirado en el suelo, muy cerca de donde habían hallado el cuerpo del anciano, una pequeña rama, seguramente arrancada del magnolio que crecía junto a la ventana de la habitación. Siguió revisando el suelo para dar con un orinal sucio. levantó la vista y miró al otro enfermero que empezó a atar cabos.
-Oh, no, no, no.-Se echó las manos a la cabeza. Ahora comprendía por qué olía tan mal en la habitación.
Se esmeraron en limpiar las paredes y volver a pintarlas rápidamente, para volver a ocupar la celda con un nuevo esclavo de su propia mente, pero nadie reparó en lo que en ella decía. Bajo las capas de pintura, el mensaje de aviso desapareció para siempre.

Terminado el engorroso turno. Uno de ellos de dirigió hacia su coche. Se detuvo delante de la puerta para buscar las llaves, que tras sacarlas de su bolsillo cayeron al suelo. Al agacharse a por ellas vio una sombra extraña bajo su auto. Se acercó para ver qué era y descubrió un voluminoso libro de cuentos forrado en piel y sin letras en el lomo. Miró a su alrededor por si encontraba a quien lo hubiera perdido pero no vio a nadie.
-Tiene unas ilustraciones fantásticas. Quizás las pueda copiar para practicar un poco. -Cerró el libroy sopló sobre las tapas para sacudirle el polvo que pudiera haber cogido en el suelo. Lanzó el libro sobre el asiento trasero, se sentó y arrancó el motor.
En ese preciso instante, desde el espejo retrovisor, presenció cómo una extraña luz verde se movía tras de si.

06 marzo 2007

Uno de hadas I

4 puesahoraquelodices

Tras un día agotador y en busca de un poco de calma a mis sentidos, me refugié en mi biblioteca en busca del libro perfecto para la ocasión. Me puse las gafas de ver de cerca y atiné con un volumen pesado que no tenía rótulos en el lomo. Vaya- pensé- Este ejemplar está aquí desde hace muchos años, pero yo, empeñado en leer complicada filosofía, nunca le había prestado atención. Debe tener tantos años como mis hijos, que ya son padres. Soplé delicadamente sobre las hojas del libro, aún cerradas y una nube de polvo blanco revoloteó por la estancia, que lejos de hacerla irrespirable, la iluminó de un modo sutil. Despertó mi curiosidad de tal modo que decidí dejarme llevar por sus historias.

Me recosté en mi viejo butacón en la postura ideal para dejarme llevar por historias fantásticas y me dispuse a leer, cuando noté una ligera presión sobre mi pie izquierdo. Me incorporé para ver qué había caído sobre mi zapatilla y sorprendido, encontré una pequeña hada verde sentada sobre mi dedo gordo.