30 marzo 2008

Rafael Azcona

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Vivió la república, la guerra, la posguerra, la dictadura, la transición y la democracia de nuestro abrupto terrenito cañí con vistas a dos mares y un océano. Supongo que no necesitó mucho más para ponernos delante de un espejo y contarnos cómo era la vida en este país.

Le despedimos hace pocos días con la misma pompa y boato que tuvo en su vida, es decir ninguno.

Pero cualquier amante de las letras le rendirá su sincero y discreto homenaje.

Buen viaje maestro.

25 marzo 2008

Arcano número 9: el Ermitaño

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Es difícil, cuando uno toma una decisión importante en su vida, saber las repercusiones que va a conllevar dicho cambio, decisión o acción. Seguramente, si a todos los que proclamamos a los cuatro vientos que no nos asustan los desafíos, nos dijeran por todo lo que íbamos a pasar, seguramente seríamos seres mucho más reflexivos y dados al estancamiento.

Aunque tengo mis dudas. Cada desafío es una nueva bofetada recibida con gusto y eso nunca ha mermado mis ganas de novedades. Me agota hacer lo mismo durante más de dos años seguidos (habitualmente a los 18 meses de actividad repetida ando subiéndome por las paredes). Y aún así me meto en proyectos de alto calibre pensando que cuatro años (en el mejor de los casos) no son nada. Cuatro años los pierde uno en una partida de poker, en una mala relación, en ir rebotando de trabajo en trabajo sin nada que te satisfaga. Cuatro años son una miseria. Calderilla temporal. O una travesía por el desierto.

Mi travesía se inicia (una más, de tantas guerras) en el verano de 2006. Estoy resuelta a no pasar el resto de mi vida sonriendo a estúpidos borrachos por un salario y decido retomar los estudios con una nueva carrera. Porque cuatro años no son nada y pueden cambiar mi vida si me lo propongo. Pero nadie me preparó para soportar el tedio de las horas perdidas en clases soporíferas e insustanciales. Ni me contaron las horas de encierro y soledad preparando exámenes. Ni me hablaron acerca de la impotencia que se siente cuando, tras haber quemado tus naves, descubres que el desierto es mas largo de lo que creías.

Y aquí estoy, sosteniendo mi farolillo de queroseno en mitad del desierto y al borde de la catarsis (tanta soledad da para mucho). Acercándome al ecuador de ésta historia y de otras muchas que me he propuesto llevar a cabo. Arañando la arena para desenterrar vestigios de fuerza de voluntad cuando el orgullo ya no tira de mi. Rogándole a las nubes un poco de agua.

Gracias a todos los que estáis ahí, seáis conscientes o no de ello, sois un apoyo.



P.D. Prometo escribir cosas más alegres la próxima vez.