15 mayo 2009

Una buena propuesta

...yo no veo apenas diferencias respecto a tiempos pasados, o si las veo son a favor de los libros. La gente olvida o ignora que autores que hoy nos parecen indiscutibles (Baroja, Valle Inclan, Unamuno, por no hablar de los poetas) solian vender mil o dos mil ejemplares de sus obras a lo largo de varios años, o que Faulkner tuvo que empezar "Santuario" con una escabrosa violación con mazurca de maiz -y seguir luego en plan parecido- para ver si los lectores le hacian maldito el caso.

Quienes hoy se apalancan ante a televisión y demás, ayer se habrían ido al casino, a los espectáculos de variedades, al circo, a tomar chatos y jugar al dominó o a pasear por las explanadas.
Antaño no había campañas institucionales que instaran a leer a la gente, lo cual, dado como suelen ser de deprimentes, probablemente era una ventaja.Y lo que desde luego no había es esa continua y fastidiosa queja que resulta contraproducente. Un producto cuyos artifices lloriquean no resulta nada atractivo: un gremio que mendiga compradores, sin ningún orgullo, da la impresión de estar derrotado.
(...)Lamentar que no se lee y a la vez deplorar que se lea, si lo leido son bodrios como El Codigo Da Vinci y demás enigmas idiotizantes, es un ejercicio de hipocresía que no favorece a los defensores de las letras, quienes parecen estar pidiendo que se los lea a ellos o a sus recomendados y no que se adquiera el hábito; propugnar la obligatoriedad de la lectura a los mas jovenes resulta de por si antipatico y equivale a reconocer una impotencia, un fracaso. Mejor sería persuadirlos.

Los defensores del libro deberían ser más arrogantes, exhibir más seguridad, presentarlo como algo envidiable que no está al alcance de cualquiera (si económica, pero no intelectualmente), y hasta atreverse a compadecer a quienes no lo frecuentan, pobres y disminuidos diablos. Nada atrae tanto como lo que se muestra indiferente y aun desdeñoso, se hace de rogar, se pone difícil. No se, tal vez est tampoco sirva, pero, vistos lo efectos de la actitud contraria, de la pedigueña, tristona, resentida y sórdida, es al menos una idea. Aunque sea antigua.


Javier Marías

2 comentarios:

Didac Valmon dijo...

cómo no estar de acuierdo con Javier Marías...estoy del todo con él, qué quieres que te diga

RKL Archer dijo...

Osana.