15 marzo 2009

De muy lejos

1 puesahoraquelodices

No se cómo se llama, ni siquiera recuerdo cómo apareció en mis bookmarks. Creo que alguien me pasó una ilustración suya. Y me encantan.
Aqui el resto.
Sed buenos.

08 marzo 2009

Carpeeeeee (un cambio de perspectiva)

6 puesahoraquelodices

Fui adolescente en una época en que la juventud duraba poco, estaba mal vista y al parecer nos convertía en una especie de zánganos sin oficio ni beneficio que iba a echar el pais abajo. La gente se casaba con veintipocos, tenía trabajo e hijos. En definitiva, se hacían productivos y dejaban de pensar en "babilonias", como alguien cercano a mi llamaba a cualquier pensamiento que no fuese producto del tedio cotidiano.

La adolescencia se regía por paradigmas rígidos y determinados:
- Imitar comportamientos adultos
- Pertenecer a tribus urbanas
- Tener pensamientos idealistas
- Descubrir la política
- Adorar la contracultura
- Descubrir la propia sexualidad
- Dar gran importancia a los amigos
- Dar rienda suelta a las primeras manifestaciones artísticas (en el caso de que haya madera, claro)
- Durar unos diez años. Aproximadamente desde los 13 a los 23, momento indicado para casarse y procrear como conejos.

Según la mayoría de adultos, este proceso se podía llevar a cabo porque:
- No se le da un palo al agua
- Se vive en casa de los padres a costes pagados
- No hay que luchar para conseguir nada y eso deja mucho tiempo libre para pensar en pamplinas.


Sin embargo, con todas las comodidades del mundo, la adolescencia se vivía con estrés. Todo aquello que no se hiciera en ese intervalo de tiempo quedaría relegado a la parte de tu mente donde se producen los suspiros por tiempos pasados. Luego uno se hace adulto y todo el mundo que has creado a tu alrededor se esfumará sin que te des cuenta. Tu nueva vida, como un cáncer, ocupará todo el espacio que encuentre a su paso y eliminará cualquier atisbo de novedad y rebeldía. Te hará elegir entre todo aquello que una vez llenó tu vida, o la realidad de hipotecas sin pagar y niños llorones.

Cuando eramos adolescentes no soportábamos que la gente de treinta años nos dijera que ya cambiaríamos. Que no podíamos entender el sentido de la vida porque no teníamos obligaciones.

Ahora somos nosotros los treintañeros.

Y el mundo sigue en el mismo sitio que lo dejamos.

Con una diferencia. Ahora ser joven es lo único que cuenta.
¿Que pasó con todas esas prisas que teníamos por comernos el mundo? Ay, si nos hubieran dicho que las cosas iban a ser así... Al final todo se ha quedado en una broma cósmica, un ultimátum de vendedor de coches usados apremiándonos a comprar algo ahora por miedo a que venga otro y se lo lleve.
Pero nadie se lo llevó.

Ahora es algo eterno.
Y a mi me queda una duda.
En aquellos tiempos siempre había alguien que te decía que todo lo que te pasaba era un transito entre la niñez y la vida adulta. Que todo aquello pasaría, para bien o para mal. Que la vida era muy distinta a como la veías entonces.

¿Que les dicen ahora a los adolescentes?