25 mayo 2009

Yo te maldigo en el sagrado nombre de los Derechos de Autor.

4 puesahoraquelodices

En uno de mis últimos descubrimientos (similares a los de la sopa de ajo) me enteré de la historia de la pelicula Nosferatu. No me resultaba una novedad el hecho de que la adaptación al cine de "Dracula" se le cambiara el nombre para no tener que vérselas con los derechos de autor. Y resulta más que evidente que, aparte de los cambios ineludibles de toda cosa versionada, es una copia mas o menos fiel de la novela.

Tampoco es nuevo que la viuda de Stoker interpusiera demanda para que se reconociese la autoría. Lo que si me resultó desconcertante -supongo que desde la perspectiva actual- es que tras el fallo a favor de la señora, hubiese una orden judicial para destruir negativos y copias de la pelicula. Por suerte, las copias distribuidas por el resto del mundo hicieron posible que lo que hoy consideramos una pieza indispensable de la filmografía de terror no haya desaparecido para siempre en el olvido.

Y yo me pregunto cuanto talento, cuantas joyas se estarán quedando en el tintero o pegadas en las cuerdas de una guitarra, escondidas en los almacenes de las editoriales, discograficas y productoras gracias a paladines como el rey del pollo frito.

19 mayo 2009

2009 (y 2º parte)

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Aquella noche, a la hora convenida, un joven apareció en la habitación de María.
- Tu no eres...
-No, seguramente le habrán detenido por acoso. Es la rutina habitual. -alcanzó el telefono y llamó a recepción- Hola, buenas, sería posible tenerunos minutos de intimidad? Si. Una hora aproximadamente. Gracias. -María miraba con curiosidad- Con un poco de suerte apagarán cámaras y micrófonos de la habitación.
El horror de ella iba increscendo con cada nueva noticia que recibía. El joven puso la tele en el canal erótico y subió el volumen hasta que se hizo molesto. La agarró de la mano y se la llevó al cuarto de baño. Allí abrió el grifo de la ducha y la abrazó hasta meter su cara en el cuello de ella.
-Tranquila, no voy a hacerte nada. Entenderás que sea precavido.-María comprendió la situación y le abrazó con el mismo gesto.- Estas segura de que quieres dar este paso? Piensa bien la respuesta porque a partir de ese momento no habrá vuelta atrás. El proceso de borrado se llevará a cabo y tu vida anterior terminará. No volverás a ver a nadie de los que antes conocías. No volverás a tu trabajo ni a tu casa. Serás un fantasma.
-Hace una semana la policía me detuvo por un libro que saqué de la biblioteca. Era un tratado sobre el anarquismo. Todavía me duran los morados de advertencia que me hicieron por leer material “inflamable”. Es la gota que ha colmado el vaso. No quiero más de esto.
-Dejas a alguien atrás? Marido, hijos...
-A mis padres.
-Eso se puede solucionar. Podrás verlos una vez al año siguiendo unas pautas muy precisas.
-De acuerdo.
-Es un si definitivo?
-Si.
Ambos se despegaron del mutuo abrazo y se miraron.
-Vale.-el joven salió del baño y se dirigió al dormitorio. Descorrió las cortinas y se puso a jugar con el interruptor de la lámpara de pie mientras miraba al edificio de enfrente.-Recoje tus cosas. Lo justo; un par de mudas y algo de aseo. No uses tu maleta. Toma esta mochila. Deja la documentación en la habitación. Mañana por la mañana constarás en los archivos centrales como deceso.

El recepcionista les lanzó una mirada aviesa cuando atravesaron el hall del hotel ataviados con ropa de fiesta y aspecto de haberse bebido el agua de los floreros. Ella reía a carcajadas mientras él le susurraba cosas al oído. La pantomima duró hasta que hubieron salido del hotel y nadie puedo reconocerlos.
-Y ahora toma esto- el joven le ofreció un papel arrugado doblado en cuatro. Son las instrucciones de cómo llegar a la comunidad más cercana. Cuando llegues diles que estas buscando a Jezabel y ellos te ayudarán.
-¿Quién es Jezabel?
-¡No es nadie mujer!
-¡Ah! Vale, entiendo.
-Suerte.
-¿Te volveré a ver?
-No lo se. Ahora me espera una detención por ser la última persona que te vió con vida. -le acarició la cara y sonrió- no sufras, me las arreglaré.
-¿Entonces te vas?
-Si. Solo una ultima cosa. -se echó la mano al bolsillo dedonde sacó unas esposas- Quedas detenida por conspiración.

15 mayo 2009

Una buena propuesta

2 puesahoraquelodices
...yo no veo apenas diferencias respecto a tiempos pasados, o si las veo son a favor de los libros. La gente olvida o ignora que autores que hoy nos parecen indiscutibles (Baroja, Valle Inclan, Unamuno, por no hablar de los poetas) solian vender mil o dos mil ejemplares de sus obras a lo largo de varios años, o que Faulkner tuvo que empezar "Santuario" con una escabrosa violación con mazurca de maiz -y seguir luego en plan parecido- para ver si los lectores le hacian maldito el caso.

Quienes hoy se apalancan ante a televisión y demás, ayer se habrían ido al casino, a los espectáculos de variedades, al circo, a tomar chatos y jugar al dominó o a pasear por las explanadas.
Antaño no había campañas institucionales que instaran a leer a la gente, lo cual, dado como suelen ser de deprimentes, probablemente era una ventaja.Y lo que desde luego no había es esa continua y fastidiosa queja que resulta contraproducente. Un producto cuyos artifices lloriquean no resulta nada atractivo: un gremio que mendiga compradores, sin ningún orgullo, da la impresión de estar derrotado.
(...)Lamentar que no se lee y a la vez deplorar que se lea, si lo leido son bodrios como El Codigo Da Vinci y demás enigmas idiotizantes, es un ejercicio de hipocresía que no favorece a los defensores de las letras, quienes parecen estar pidiendo que se los lea a ellos o a sus recomendados y no que se adquiera el hábito; propugnar la obligatoriedad de la lectura a los mas jovenes resulta de por si antipatico y equivale a reconocer una impotencia, un fracaso. Mejor sería persuadirlos.

Los defensores del libro deberían ser más arrogantes, exhibir más seguridad, presentarlo como algo envidiable que no está al alcance de cualquiera (si económica, pero no intelectualmente), y hasta atreverse a compadecer a quienes no lo frecuentan, pobres y disminuidos diablos. Nada atrae tanto como lo que se muestra indiferente y aun desdeñoso, se hace de rogar, se pone difícil. No se, tal vez est tampoco sirva, pero, vistos lo efectos de la actitud contraria, de la pedigueña, tristona, resentida y sórdida, es al menos una idea. Aunque sea antigua.


Javier Marías

09 mayo 2009

2009 (1a parte)

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Maria se colocó de nuevo las botas tras pasar por el arco detector de metales del aeropuerto. Todas sus pertenencias habían sido escaneadas y escudriñadas por los agentes de seguridad y el registro había sido metodicamente anotado en los archivos centrales.

-Señorita, estos comprimidos no aparecen en su ficha médica.

-Son vitaminas.

-¿Los ha comprado en el mercado negro? Sabe que todos los farmacos que tome deben quedar registrados en su ficha médica. Es por su propia seguridad. Pueden intoxicarla si adquiere productos fuera de las vías legales...

-¡Si!, Si.. no se preocupe. Hablaré con mi médico de cabecera, no sufra por mi.- Suspiró con hastío.

-Veo que fué usted detenida hace un par de semanas.

-Si. Por leer. ¿Puedo pasar ya?

El guardia de seguridad asintió con la cabeza de mala gana y María se puso la americana.

-¿Motivo de su viaje?- Irrumpió de nuevo el guardia.

-Trabajo.-Escupió ella.

-Su empresa no tiene clientes en esa zona del país.

-Estamos abriendo mercado.- Sonrió. Era una mezcla entre sonrisa y degustación de limones.

-Está bien. Recuerde las horas de sellado. Aquí tiene una tarjeta con las oficinas más cercanas a su hotel.

-Gracias.- Terminó de colgarse el bolso en el hombro y agarró de un zarpazo el mango de su maleta de cabina.

Echó a andar hacia su puerta de embarque. La esperaba un gigantesco pasillo lleno de pantallas que cambiaban al paso de cada uno de los pasajeros que se acercaban a ellas. Durante los ultimos seis años el gobierno, en un supuesto esfuerzo por simplificar la vida de los ciudadanos había unificado toda la documentación personal en una sola tarjeta equipada con un chip. En ese cuadradito se hallaba toda la información social, legal, médica, laboral... Y cubría las funciones de documento identificativo, tarjetas de crédito, permiso de conducir, tarjeta sanitaria, etc. Cada nuevo dato era incorporado al chip y los ciudadanos no tenían que arrastrar billeteras del tamaño de balones. En poco tiempo los límites del derecho a la intimidad se fueron tornando más y más difusos. Al mismo tiempo, el miedo exacerbado y metódicamente provocado por los medios de comunicación a la falta de seguridad estaba llevando a la población a ceder sus derechos inalienables a cambio de una quimera llamada protección eficaz. De ese modo, toda puerta que se cruzara, todo arco detector, todo pasillo, estaban provistos de lectores digitales que tenían acceso a cualquier dato perteneciente al ciudadano. María recibió en ese pasillo otra dosis de realidad cuando los anuncios de las pantallas luminosas pertenecían a comercios en los que ella habia comprado recientemente.



El hotel era modesto, con cierto aire antiguo y decadente. Tras deshacer su maleta bajó a la terraza soleada de la cafetería. Pidió un té, se embutió las gafas de sol y se echó hacia atrás sobre el respaldo de forja de su silla mientras miraba a la lejanía.

- Está bueno ese brebaje? -preguntó una figura sentada en la mesa que tenía justo detrás. María se giró discretamente y descubrió a un hombre de pelo negro y tez oscura que leía la prensa.


- Le interesa por algún motivo especial?

- A mi no. Es usted quien me ha llamado. No se le ocurra girarse. Siga mirando al frente y ponga cara de estar molesta.Esta noche pida compañía en su habitación.

- Pero...

- Dentro de poco no tendrá que temer por su reputación, así que tranquila. Ya sabemos en que habitación se aloja. La única cosa que necesito saber en este momento es si está comletamente segura de lo que va a hacer.

- Completamente.

Desde hacía unos tres años y fruto del exaustivo control, la policía tenia conocimiento de pequeños grupusculos de población que vivía en la clandestinidad. Entre los agentes eran apodados "fantasmas". La población civil desconocía su existencia ya que la prensa callaba y los rumores eran erradicados de modo drástico. Esos "fantasmas" eran renegados sociales. No tenían documentación y oficialmente no podían acceder a un trabajo ni un crédito. Eran los únicos que todavía usaban el papel moneda e incluso el trueque. Vivían en comunidades autoabastecidas y oficialmente nunca habían existido, o habían muerto.

04 mayo 2009

Pues igual tiene razón...

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Yendo al dentista y viendo las fotografías de patologías dentales de ls que frecuentemente se rodea pienso en lo entusiastas que son estos especialistas en medio de tantas enfermedades y deformaciones. Es su objeto de estudio y lo abordan con auténtica pasión. A veces pienso que el correlato para un escritor sería tener en su estudio, enmarcadas, frases sintácticamente mal construidas, sustantivos defectuosos, adjetivos mal colocados, etcetera.


Eduardo Mendoza