Debo ser una persona extraña pues no recuerdo a nadie más que disfrutara tanto como yo con las lecturas obligatorias del instituto. Tanto que hoy siguen siendo un referente en muchos sentidos. O quizás, porque a diferencia de otras materias aquí tuve profesores que amaban la literatura tanto como yo y no pesaba tanto que fuera una imposición.
Más allá de las simpatías o antipatías hacia el autor reconozco en su pluma cualidades que me atraen. La mayor de ellas, su capacidad para plasmar la dureza, el ridículo y la mezquindad. Aunque también puede ser que el furor adolescente me llevase a idolatrar una obra llena de opiniones personales del narrador y arquetipos, cosa que hoy no sería tan bien aceptada en una obra contemporánea, aunque sí comprendida en otras épocas y otras situaciones.
12 septiembre 2011
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