En aquellos años de librera, con dos tótems de libros diminutos en mitad de la tienda, obvia decir que me leí todos los que pude. De la colección de poesía hubo dos, especialmente dos que llamaron mi atención.
Bueno, en realidad hubo cuatro. Los otros dos fueron Walt Whitman y Charles Bukowski, fruto de haber visto una película lacrimógena en la que sale el Doctor Wilson de polluelo y la afición de la juventud al caca-culo-pedo-pis que tan bien representaba la poesía de Bukowski, pero que a estas alturas tenemos un poco superada. No es que reniegue, solo que puestos a elegir, se queda en tercer lugar.
Y qué mas da, si a mi el que me gusta es Quevedo...












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